“Las montañas no son estadios donde satisfacer mi ambición deportiva, son catedrales donde practico mi religión… voy a ellas como la gente va a su fe. Desde la altura imposible de sus cimas veo mi pasado, sueño con el futuro y con inusual claridad puedo sentirme en el presente,mi visión se clarifica, mis fuerzas se renuevan. En las montañas celebro la creación. En cada viaje a ellas renazco”
Estas bellas palabras son el epitafio en el Santuario del Annapurna de ese gigante(a todos los niveles)que fue el montañero kazajo Anatoli Boukreev.Como él vuelvo a las montañas para sentirme libre y soñar con el futuro,nunca me esperaba volver tan pronto a ellas...pero hay algo que nos engancha y nos obliga a regresar(a lo mejor es que un trocito de nosotros se queda por allí arriba flotando para siempre,esperando a que volvamos).Allí en los Alpes espero gozar de la misma condición física que el año pasado,se que el desafío es difícil y por ello voy con muchísimo respeto.Si algo nos enseñan las montañas es a ser humildes y a mirar dentro de nosotros.En este viaje me gustaría poder hacer como los nómadas tibetanos que cuando alcanzan la cima de un collado gritan al viento Lho Gyelo o lo que es lo mismo "Los Dioses han vencido"...









